Banco frío
De un pie al tocar la espina
no brotó el dolor esperado,
la piel y los músculos insensibles,
en el banco de concreto y helado,
sentando un hombre de pocos años,
la flor bailando en el viento el ritmo,
de su cabeza girando sobre su eje
un tedio que sube hasta la sangre,
no brotó el dolor esperado,
la piel y los músculos insensibles,
en el banco de concreto y helado,
sentando un hombre de pocos años,
la flor bailando en el viento el ritmo,
de su cabeza girando sobre su eje
un tedio que sube hasta la sangre,
amargó la noche las esperanzas,
los ojos vinieron bajando al piso,
la flor se extinguió en el puño derecho
antes sin vida, calcinada por el vapor,
las maldiciones sobre la lengua y los dientes,
aquel dibujo excelso de las expectativas
el fuego le cubrió su destrucción,
sobre la bella esfinge trastocó en monstruo,
los ojos vinieron bajando al piso,
la flor se extinguió en el puño derecho
antes sin vida, calcinada por el vapor,
las maldiciones sobre la lengua y los dientes,
aquel dibujo excelso de las expectativas
el fuego le cubrió su destrucción,
sobre la bella esfinge trastocó en monstruo,
al salir de su terruño saboreaba,
desde su mente un día de paraíso,
junto a la cita que a su encuentro el amor aguardaría,
cada paso una pausa y deleitarse un sueño fulgurante,
la sonrisa le traía contagios en su semblante,
por las gentes su rostro alegré traía miradas,
su cabeza inclinada en el asiento del autobús
reposaba en un horizonte infinito feliz,
desde su mente un día de paraíso,
junto a la cita que a su encuentro el amor aguardaría,
cada paso una pausa y deleitarse un sueño fulgurante,
la sonrisa le traía contagios en su semblante,
por las gentes su rostro alegré traía miradas,
su cabeza inclinada en el asiento del autobús
reposaba en un horizonte infinito feliz,
al llegar al parqué y dar un recorrido breve,
al fin se dejó caer sobre el nido de concreto,
la tarde yendo hacía crepúsculo, un escenario,
del mayor éxtasis jamás sentido por él,
pero la tarde huyó, llegó la noche y, ella no,
y con la ausencia, él se fue apagando,
de la dicha, cayó al desconsuelo,
la noche le atrapo y, sus esperanzas se hundieron,
entre las sombras oscuras y el alma abatida y, de
su boca todas las maldiciones.
al fin se dejó caer sobre el nido de concreto,
la tarde yendo hacía crepúsculo, un escenario,
del mayor éxtasis jamás sentido por él,
pero la tarde huyó, llegó la noche y, ella no,
y con la ausencia, él se fue apagando,
de la dicha, cayó al desconsuelo,
la noche le atrapo y, sus esperanzas se hundieron,
entre las sombras oscuras y el alma abatida y, de
su boca todas las maldiciones.
Abraham Guevara.
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